Derecho a las Mujeres y Población LGBTIQ+

Violencias en mujeres y población LGBTIQ+

Hablar de violencias basadas en género es mucho más que referirse a casos de agresión física o psicológica. Implica comprender que estas violencias tienen un origen estructural y que responden a formas históricas de organización social que han asignado diferentes niveles de poder, oportunidades y reconocimiento a las personas según su género.

El enfoque de género permite analizar estas desigualdades desde una perspectiva crítica. Se trata de una herramienta conceptual que evidencia y cuestiona las jerarquías construidas entre los sexos dentro de sistemas sociales marcados por relaciones de poder, dominación y exclusión. Estas jerarquías no son naturales ni inevitables; son el resultado de procesos culturales, políticos, económicos e históricos que han definido los roles, comportamientos y expectativas que se consideran "adecuados" para mujeres, hombres y personas con identidades de género diversas.

¿Qué son las violencias basadas en género?

Las violencias basadas en género (VBG) son todas aquellas acciones u omisiones dirigidas contra una persona debido a su género, identidad de género, expresión de género u orientación sexual, que tienen como consecuencia daño físico, psicológico, sexual, económico o patrimonial, así como la limitación del ejercicio pleno de sus derechos y libertades.

Estas violencias no ocurren de manera aislada. Se encuentran profundamente relacionadas con una matriz de poder que reproduce desigualdades y privilegios, legitimando prácticas discriminatorias en distintos ámbitos de la vida cotidiana.

Por ello, comprender las VBG implica reconocer que no solo se manifiestan en actos de violencia directa, sino también en aquellas prácticas cotidianas que normalizan la discriminación, el control y la subordinación de determinadas personas o grupos.

La violencia también se aprende

Desde la infancia, la sociedad transmite mensajes sobre cómo "deben" comportarse hombres y mujeres. Los juguetes, los medios de comunicación, la escuela, la publicidad, las redes sociales e incluso algunas prácticas familiares reproducen estereotipos que limitan el desarrollo de las personas.

Cuando estos imaginarios asignan mayor autoridad, libertad o reconocimiento a un género sobre otro, se crean condiciones que favorecen diferentes formas de violencia.

Estas expresiones se materializan en:

  • La división sexual del trabajo.
  • La desigual distribución de las tareas de cuidado.
  • Las brechas salariales y laborales.
  • La discriminación por identidad u orientación sexual.
  • Los discursos que justifican el control sobre los cuerpos y las decisiones de las mujeres.
  • La exclusión de personas con identidades de género diversas de espacios sociales, educativos o laborales.

En otras palabras, las violencias basadas en género no son únicamente actos individuales; son el reflejo de estructuras sociales que perpetúan relaciones desiguales de poder.